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miércoles, 10 de noviembre de 2010


Soy de esa clase de persona a la que no le hace falta mucho para sonreír. Dicen que mi risa es característica y contagiosa. Adoro reír y, sobre todo, que se rían conmigo. Hablo por los codos, me encanta contar bromas, tengo ideas de bomberos, voy cantando por la calle, no me importa lo que la gente piense y hago demasiado el tonto, pero me gusta. Me paso las horas escuchando música y soy tan tonta que a veces escucho la canción que me pone triste una y otra vez. Mi corazón está roto y después de todo lo que me ha pasado , ya no sé si creo en el amor, sin embargo, estoy deseando encontrarlo, porque sé que en algún sitio hay un poco para mí. Cuando me enamoro lo hago bien, tanto que luego no sé cómo se hace para olvidar. Eso sí, suele ser de los más tontos. Odio el invierno. No me gusta pasar frío y que no haya nadie por la calle porque me pongo melancólica. Adoro el verano: soy la más feliz del mundo cuando llega junio y me tosto al sol entre olas. A veces me gusta estar sola, solo a veces. Me encanta salir y salir, pasármelo bien. Leer, eso me gusta siempre que sea un buen libro. Quiero que mis próximos viajes sean Ibiza, Canarias y Alemania. Me gusta el chocolate y el olor a coco y les tengo manía a las personas que hacen ruido al masticar y andan arrastrando los pies. Creo que se me da bien escuchar a los demás y que los demás me escuchen a mí es algo que considero esencial. No hace falta conocerme mucho para saber que algo me pasa porque se me nota en seguida. No soporto que me lleven la contraria cuando sé que llevo razón. Tengo muy mal genio, mucho y eso me gusta. Me siento orgullosa de ser extremeña, de ser de pueblo y, sin embargo me enamoran los chicos extranjeros. Ya ves, a veces puedo llegar a los extremos o incluso contradecirme a mí misma.
Rocío, así es como me llaman todos. No soy perfecta, pero me gusta cómo soy. Podría seguir diciendo mil y una cosa más, pero toda mi vida no puede resumirse en unas líneas, simplemente me conformo con lo que soy.Y sin más, aquí acaba esta pequeña confesión.